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Una época de angustia (II)

Publicado: 11 mayo, 2013 en Sin categoría

La crueldad en la que muchas personas se han asentado, fruto del individualismo y del miedo, tiene que ver con la mentira. El alcohólico que reconoce que lo es pero su forma de afrontarlo es negar que lo es. Suena a imposible, o a estupidez, pero todos los días nos encontramos con mucha gente que practica estas incoherencias. La más habitual tiene que ver con la sinceridad, aquello de "yo soy una persona muy sincera y digo las cosas a la cara", pero luego no es así. Y aunque les demuestras que no es así, y pueden reconocerte que no lo hicieron así, siguen pensando que lo son. En parte tiene mucho que ver con el hecho de que perciben que puedes desmontarle su mentira, el mundo en el cual llevan años viviendo y se han asentado.

 

La mentira de haber idealizado un pasado anterior, en el que erraron, y como cometieron un error que no se quieren perdonar, no perdonan ninguno ajeno. Para perdonar, primero debes perdonarte a ti. Y los errores del pasado no son más que eso, pasado. El miedo a que cometan contigo esos mismos errores, o a volver a repetirlos, al final no son más que un lastre, y una enorme mentira. Porque el pasado y el futuro son sólo mentiras que nos vamos creando. Además demostrado científicamente. Nuestro cerebro no recuerda, ni siquiera el de la mujer cuyo hipocampo es más activo que el del hombre. El cerebro "crea" recuerdos mediante la memoria declarativa. Almacena sensaciones, alegrías, temores, ira, peligro, placer, guarda emociones que luego vuelve a construir cuando queremos echar mano de ello. Pero, incluso en el más vívido de los recuerdos, se trata de construcciones que hacemos a través de lo que realmente vivimos, de lo que luego hemos pensado sobre ello, de lo que nos contaron otros sobre cómo fue y, sobre todo, de lo que nos gustaría guardar como recuerdo. Probad a recordar sobre vuestra infancia y mirad lo fácil que es recrear vuestros recuerdos como si os vierais desde fuera.

 

La mentira, el miedo y el individualismo, sumados, dan lugar a la crueldad cultural. Una persona que se encuentra por completo vacía se niega a dejarse llenar de las experiencias ajenas, se limita a escuchar como el psicólogo, usando una metodología, unas herramientas, y elaborando luego un diagnóstico, pero ¿realmente esa persona necesita que le estén preguntando continuamente "para qué, por qué", etc? A lo mejor lo único que necesita es ser escuchada y de escucharse surge su propia reflexión. Porque luego te escuchará a ti y podréis aprovechar las experiencias ajenas para sentirlas como propias y seguir caminando. En cambio, en los últimos tiempos sólo veo gente que exige ser comprendida y escuchada y se niega a comprender y escuchar (de verdad, no sólo poniendo la oreja) a los demás.

 

Esto tiene que ver, como es lógico, con el desprecio que el individualismo está llevando respecto a los sentimientos ajenos. Se pide mucha comprensión sobre los sentimientos propios, a veces escudándose en argumentos biológicos. Pongamos una situación: el hombre es violento (físicamente) por naturaleza y tiene tendencia biológica a procrear para mantener la especie. Si mañana alguno se levanta se para una pareja que pase por la calle, le da dos hostias a él y se calza a la muchacha, ¿podría luego decir "es que me tienen que comprender, ¡soy hombre!"? Para eso está la represión cultural, el matrimonio (o cualquier forma de unión monógama) como forma de repartirnos, etc. Si esto está claro, ¿por qué no lo está el hecho de que "como yo soy así" me tenéis que aguantar y punto?

 

Las mujeres son las primeras que deberían luchar por el tipo de valores que se les atribuyen socialmente y que se potencian desde muchos medios, la literatura, el cine, la televisión, etc. Ser mujer implica tener un cerebro holístico, con una enorme capacidad para moverse entre los grises, no como el hombre que se mueve en blancos y negros. Ser mujer implica continuidad biológica y eso es un valor de vida maravilloso. Implica una enorme capacidad de coordinar equipos, de sobreponerse al estrés, de implicarse en proyectos. Sin embargo, la estupidez y el individualismo está haciendo que la sociedad esté encantada de conocerse por el simple hecho de que aceptamos que ser mujer es tener "comportamientos anómalos" según la parte del mes en la que se esté. O pensar hoy una cosa y mañana la contraria. ¿Ser mujer es sólo la menstruación y cambios hormonales? Entonces, ¿ser hombre es sólo eyacular y pegarse en un partido de fútbol?

 

Los argumentos fáciles son el pasto para los hambrientos que no quieren comer. Lo dice la Dra. Brizendine en El cerebro femenino. Una cosa es que aceptemos que las variaciones hormonales pueden afectar al comportamiento, y otra muy distinta que la mujer no esté capacitada para superar un elemento puramente biológico a través de la parte intelectiva de su cerebro. Claro que, es mucho más fácil refugiarse en la excusa.

 

La excusa para el individualismo egoísta devuelve todo de nuevo al mismo punto: la crueldad. Negar tu existencia, tu aportación a la vida personal de alguien, sobredimensionar los errores para ocultar cualquier virtud. Vivimos como decía Dodds, "una época de angustia". Pero, incluso en la crisis social y de valores de finales del siglo II, lo que emergía era un nuevo equilibrio entre comunidad e individuo. Hoy, en cambio, lo que se está asentando es una huida continua. Un refugiarse en los propios muros (éste es mi castillo, y el que quiera que viva en él y el que no puerta, camino y mondeño), no perdonar nada a los demás (o eres de 10 o eres de 0), un exigir mucho y no dar nada (como excusa para ocultar que no se perdonan los errores propios y eso provoca que no se perdonen los ajenos) y un nivel de cinismo (no ironía, que es algo diferente, el cinismo es desvergüenza en el mentir o en la práctica de acciones despreciables) con límites insospechados.

 

Eso lleva a que la gente exija honestidad y sinceridad a los demás, pero no la asumen como un valor propio. Por eso acaban rodeadas de personas superficiales, que no van a profundizar nada en sus vidas, que se limitarán al espectáculo de fuera, al gran teatro del mundo. La joie de vivre de una adolescencia inventada (antes no existía realmente la adolescencia a nivel cultural, se pasaba de la infancia a la juventud con un rito de paso y santas pascuas) para perpetuarnos en no tener que adoptar posturas responsables. Ni responsabilidad con las consecuencias de nuestros actos, ni responsabilidad con los sentimientos ajenos. Yo soy así, a mí nadie me comprende, y por eso está justificado que ignore tus sentimientos, o incluso los míos propios, y me refugie en las sonrisas prefabricadas. Porque lo que provoca esa actitud es que acabes junto a personas vacías y superficiales mientras alejas voluntariamente a quienes podrían llevarte, interiormente, a lugares que desconoces.

 

Al abismo. Pero claro, para mirar al abismo interior, hay que tener en cuenta que éste siempre devuelve la mirada. No puedes perdonar, si no te perdonas. No puedes amar, si no te amas. No puedes comprender, si no te comprendes.

(Se puede descargar la versión completa de los dos posts aqui https://mega.co.nz/#!A1ZhgK4A!Zr2-hjrYJHEp_TRCypw9ryfQNww2k1G3J8Kk9I8yuXc)

Illusion and Dream, Poets of the Fall

Una época de angustia (I)

Publicado: 9 mayo, 2013 en Sin categoría

La violencia es biológica, de cualquier tipo, y constituye una reacción casi instintiva. La crueldad, en cambio, es más fría, más cultural. Nos equivocamos muchas veces al pensar que la vida es cruel. No puede serlo. Las personas pueden ser crueles, porque deciden cómo actuar, deciden cómo responder ante determinadas situaciones. Deciden como comportarse. La vida puede ser violenta. Puede ser que nazcas en una chabola, o que desarrolles una enfermedad autoinmune que te destroce, puede ser que te someta a una violencia, una ofensa, un ataque continuado o de vez en cuando. Pero no es cruel. Para ser cruel, hay que decidirlo. Eso lleva a una cuestión evidente, ni la tortura es crueldad. La tortura es violencia. La crueldad más evidente es el ninguneo, cuando obvias a una persona, cuando la conviertes en absolutamente nada. Cuando no reconoces su existencia, aun dándose.

 

Lo he hablado con varias personas que se han dado cuenta de lo mismo. Desde hace algún tiempo el mundo, especialmente el nuestro, se ha vuelto especialmente cruel. Cuando digo "el mundo" no es una entelequia para exculpar a personas concretas, sino para no hacer una lista. Cada uno tendrá su propia lista de personas a las que señalar. Me preguntaba desde hace tiempo cuáles eran los motivos para que se produjera, en diferentes situaciones, con circunstancias que iban de lo personal a lo laboral. Y de una interesante conversación salieron varias conclusiones: el egoísmo-individualismo, el miedo y la mentira.

 

Corremos el riesgo de relacionar rápidamente la crisis con el egoísmo-individualismo, e incluso al capitalismo. Sin embargo, hemos atravesado épocas de crisis humanitarias incluso en nuestro propio país, crisis que han vivido nuestros abuelos o padres en algunos casos y en las cuales la crueldad tenía otro nivel porque se aplicaba desde la comunidad al individuo, y no al revés. Más que el capitalismo, que en otros lugares se aplica en comunidades donde sus miembros se apoyan unos a otros, tal vez sea el neoliberalismo, pero sobre todo la crisis de valores humanos, la que nos ha llevado a esta situación. Hablando con gente de diferentes sitios y edades me cuentan cosas semejantes: nunca habían visto un individualismo tan exagerado. Mucha gente se ha refugiado detrás de sus propias murallas, convertidas en prisiones, se han refugiado en la excusa del Yo, del "tienes que aceptar como soy yo", gente que pide ser aceptada con sus errores y virtudes pero que son incapaces de aceptar los errores ajenos. Acepta como soy yo pero yo no acepto cómo eres tú. Se ha olvidado aquello que decía Ortega de "yo soy yo y mi circunstancia" por "yo soy yo y a mi circunstancia que le den".

 

El individualismo egoísta está provocando un curioso efecto: exigirlo todo, no perdonar nada. En todos los niveles. Una relación, laboral, de amistad, de pareja, sólo puede funcionar si se comparten los defectos. Es muy fácil compartir las virtudes, a todos nos agradan ese tipo de cosas. Pero lo que hace que se establezcan lazos sólidos y de confianza es compartir los errores. Si conoces las virtudes y cuando ves un error conviertes a esa persona en la nada más absoluta, entonces es crueldad. Y cobardía.

 

El miedo juega en esto un papel fundamental. El individualismo surge de la inseguridad, y eso me recuerda mucho a la gente que, en el fondo, está completamente vacía. Todo lo que haces fuera de ti, son cosas de fuera. Las experiencias propias y ajenas, si no dejas que te llenen, no son nada. Eso es algo agotador, por eso es muy fácil estar continuamente haciendo cosas sin compromiso, sin establecer relaciones emocionales ni con las cosas que haces ni con las personas que los haces. Porque si no te implicas entonces puedes estar siempre buscando nuevas experiencias. Eso, al final, lo único que te lleva es a la superficialidad, y al espejo de Dorian Gray.

 

La honestidad ajena, ya lo escribí una vez, da miedo, porque actúa como un espejo de nuestras vergüenzas. Antes la princesa buscaba un guerrero al cual domesticar poco a poco y meter en el palacio. Gustaba de enseñar y presumir de cómo había derribado sus murallas, de lo bien que peleaba y él aceptaba dejar la guerra para acomodarse a la vida de palacio. El descanso del guerrero. Ahora, las princesas buscan guerreros ya cocinados, no quieren que asalten sus murallas, sino comprarlos o que cojan un ascensor y se metan dentro. No quieren ni conocer ni arriesgarse. Quieren vivir en la misma mierda en la que ya están. Hay que ir más allá de las palabras, no estoy hablando de mujeres entregadas a hombres que las rescatan. La "princesa" es una metáfora social, ya sea hombre o mujer, de cómo la gente no quiere arriesgarse a compartir y trabajar los errores, sino lo quiere ya todo hecho, entregado en bandeja y si puede ser con un lazo.

(continuará…)

Bitch, The Rolling Stones

Puerta, Camino y Mondeño

Publicado: 19 abril, 2013 en Sin categoría

Hace un año de una cosa. Hace siete de otra. Y hace doce de otra más. Las mismas caras, las mismas gentes, las mismas excusas. Los mismos idiotas. Creo que es necesario, a veces, tomarse un tiempo de reflexión y es lo que voy a hacer en las redes. Me quedaba el blog. 412 entradas en 8 años, y a pesar de todo lo más recordado es haber llamado hijo de puta al Presidente. Ya ves. Ni las entradas bien documentadas sobre economía, o sobre el funcionamiento del cerebro femenino y el masculino respecto a la vida y la muerte, ni los fragmentos de las diferentes novelas. Agitas un hueso delante de unos simios y éstos saltan y saltan. Creo que es necesario una cuarentena, una travesía por el desierto. Demasiados gilipollas y yo sin balas.

 

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En general, la sensación que tengo desde hace meses es el nivel de exigencia, en lo personal, está por encima de lo que la gente se exige a sí misma. Te encuentras con amigos, jefes, aspirantes a pareja, pretendientes, familiares, que dicen haberse vuelto muy exigentes, muy rigurosos, muy estrictos. Vienen de situaciones en las cuales les han engañado, embaucado, han causado dolor y se lo han causado. Les han tomado el pelo. Les han mentido y han tenido que mentir. Vienen exigiendo honestidad, sinceridad, y un montón de cosas que tú tienes que aportar, pero que ellos no piensan aportar ni mucho menos. Tú tienes que estar al 100%, no se te permite ni un mínimo de margen de error, e incluso cuando lo consigues, cuando rozas la perfección y sabes que es difícil hacerlo mejor, se te castiga. A veces es porque no se valora que, al fin y al cabo, eres humano y tienes tus límites. Otras veces, quien te exige la perfección no se exige nada a sí mismo, no aporta nada, simplemente "está". Tú tienes que medir tus palabras, cuidar tus gestos, ser encantador, mind-opened, y mantener ese nivel de "honesta hipocresía" que hace que todos nos veamos tan encantados con nosotros mismos. Pero, el más mínimo error, se te castiga como si hubiera sido trascendental.

 

Sucede que, últimamente, la gente tiende a exigirte que para llegar a ellos tengas que subir una montaña, a pulmón, sin ayudas, sin cuerdas, con tus manos. Cuándo, dónde y cómo ellos digan. Y puede que llegues a la cima, te agaches un momento a coger aire y oh, vaya, ese gesto no ha gustado y te tiran con una facilidad que parece que cayeras por una colina. Gente que exige muchísimo a los demás pero luego no se exige nada a ellos mismos. La gente ya se sabe.

 

Se trata de que acabas pagando por los errores de otros. El pasado es pasado, y el presente es presente. "Sólo se nos puede privar del presente, puesto que éste sólo posees, y lo que uno no posee, no lo puede perder." (Marco Aurelio, Meditaciones, II, 14). La vida se repite si dejas que se repita. Y cuando la desilusión o el miedo del pasado condiciona el presente, te estás robando. Y lo peor, estás jodiendo a la gente que entra en tu vida en el presente. Si crees que todo el mundo es un hijo de puta, suicídate y déjanos el aire (y la prestación por desempleo) a los demás. De lo contrario, atrévete y deja de excusarte diciendo "es que en el pasado…" mientras se te llena la boca diciendo que tienes muchos proyectos de futuro y que hay que vivir el presente. Gente que dice vivir el presente y no deja de actuar condicionada por el pasado. La gente, ya se sabe. Te mueres un día, preocúpate por todos los demás.

 

Al final, se te exige mucho. Se te pide que tú, al mismo tiempo, exijas poco, que seas comprensivo. Te dicen cuánto vales, lo bien que lo estás haciendo. No aceptamos que, con frecuencia, merece más la pena cuando asumes las estupideces ajenas, cuando compartes los errores. Pero vamos a suponer una cosa. Pongamos que tienes un hijo. Que te has pasado 364 días diciéndole lo bien que se ha portado, los esfuerzos que ha hecho para sacar buenas notas, para no pelearse con sus compañeros, para no dar una mala respuesta, para ser educado. Y la tarde antes de su cumpleaños el niño ha tenido un mal gesto y al día siguiente le dices que por eso se queda sin regalo. Y que lo mismo hasta lo das en adopción. ¿A que hay que ser muy hijo de puta para eso? ¿a que sí? Pues mirad cómo exigís y a lo mejor os veis reflejados.

 

La gente no recibe lo que merece, recibe lo que recibe y nada puede evitarlo.

 

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"Todo el mundo miente, lo que cambian son las circunstancias". Suele ser habitual escuchar a la gente reclamar honestidad y verdad. Sinceridad, dicen. Pero sin contrato social, sin esa justa armonía entre lo que decimos y lo que callamos, el mundo se vendría abajo. O estaríamos como bestias todo el día practicando sexo y comiendo, lo cual, bien visto, sería la hostia. También se confunde el decir lo que uno piensa con ser directo. Se pueden decir las cosas sin tener que humillar a la gente, y se pueden escoger bien los momentos y las palabras. Si lo que quieres es aplastar a otra persona con argumentos, ni te empeñes en la verdad. Si lo que quieres es ayudarle, piensa bien cuándo y cómo puedes hacerlo.

 

Sin embargo, lo peor es cuando la gente se miente a sí misma. Se bloquean las emociones, los sentimientos, por el miedo. El miedo y los complejos. La honestidad bien entendida empieza por uno mismo. ¿Cómo puedes pedirle honestidad a los demás si no eres capaz de tenerla tú? Es cierto que, en su mayoría, la gente acaba moviéndose por egoísmo. Promueve la honestidad sin saber en qué consiste, o la sinceridad, porque creen incluso que diciendo lo que piensan están justificados para que pase lo que sea. Ir como suele decirse con la verdad por delante no justifica que puedas escapar de las consecuencias. Crees que puedes, pero no puedes. Porque no puedes construir tus propias reglas morales. Si no, no viviríamos en sociedad.

 

Luego es curioso cuando la gente pide sinceridad y honestidad, pero no lo es a la hora de asumir las respuestas. La gente no quiere hacerte preguntas porque saben que muchas veces  no podrían soportar la respuesta. Asumen esa amable hipocresía por la cual tú seleccionas la cantidad de verdad que cuentas y así todos vivimos felices y contentos. O lo aparentamos.

 

En parte esto tiene que ver con lo que hablaba de la exigencia antes. No hay amor incondicional, hay necesidad incondicional. Se satisfacen esas necesidades y tal vez, así, se cumplan ciertas cosas. El amor, en cambio, tiene condiciones. Ahora bien, no puede tener tantas condiciones que parezca un plan a seguir. No hay planes de calidad para las emociones. Por mucho que nos empeñemos.

 

Sólo se ignoran dos cosas, las que no son importantes y las que deseamos que no lo sean. Y desear nunca funciona.

 

 

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Las cosas cambian, no mejoran porque sí. Hay que hacer que mejoren, no quedarse esperando que mejoren porque sí. Pero ello exige compromiso, con uno mismo y con los demás. El problema viene cuando no estás lista para comprometerte porque planificas el fracaso. Tienes más medidos los tiempos del desastre, de que todo saldrá mal, de que te van a decepcionar, que aquellos en los cuales puedes disfrutar y crear nuevas cosas. No se trata de ser positivo a ciegas, como un idiota. Se trata de asumir que hay cosas que no pueden arreglarse y sólo puedes pasar página. No se puede llegar a la felicidad por el camino erróneo, enterrando el dolor.

 

Si quieres cambiar no seas un cobarde, no te enclaustres en tus propias justificaciones. Nunca pierdes el control porque nunca te arriesgas, y si no lo haces no sabrás a dónde puedes llegar. Decir ‘no puedes hacerlo’ no es un buen argumento. Ni siquiera es un argumento. Es como estar muerto. Y morir es sencillo, vivir es lo difícil.

 

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Recuerdo que en un momento dado surgió la posibilidad de hablar con la gente por internet. Primero por mail, y eso llevó al uso de Messenger. Ahí todavía había algo directo, le pasaba como el chat, porque al principio lo usabas para comunicarte y quedar. Pero pronto se utilizó para que quienes no tenían capacidad para decirte las cosas a la cara lo hicieran utilizando el "espejo sin anverso". El mundo virtual actuaba, actúa, como el espejo en el Orfeo de Cocteau. Es un mundo al que puedes entrar y salir, sabiendo que tendrá sus consecuencias pero el hecho de usar la palabra escrita (que implica reflexión) para la transmisión de pensamientos que debieran ser orales mezcla los canales, los medios, y acaba generando un mundo confuso. Es un mundo terriblemente femenino, lleno de infinitos grises, y es un mundo donde las mujeres suelen moverse magníficamente mientras nosotros sólo la cagamos. Los hombres pretendían follar usando el Messenger y las mujeres tener "amigos sinceros". No voy a quejarme, una de las mejores personas que conozco se soltó hablando conmigo por chat y se convirtió en una gran amiga. De lo otro no hablemos, una vez casi salió y tuve que soportar como el niño aquel que decía antes, el que está todo el año portándose bien y le dicen el mismo día de su cumpleaños que se ha portado mal un día. Un día, una habitación.

 

La cosa luego progresó, vino Facebook, Twitter y todo eso. Recuerdo Hi5 y otras, horrores como Tuenti, etc., un cúmulo de mierda en realidad. Por un lado resulta absurdo quejarse de lo que son. Facebook no es más que un inmenso pueblo, es exactamente igual que esas comunidades donde todos se conocen, saben de qué pie cojean, con quien van, con quien entran y salen. Es más, en el fondo te permite estar o no si quieres, no es obligatorio y puedes cambiarte de nombre o no aceptar a determinadas personas. Lo mismo sucede con Twitter. Nadie te obliga a decir ciertas cosas. El problema es el mismo que con Messenger, que es palabra escrita y la gente lo usa como si fuera oral. Y sin el tono, el timbre, la situación, es muy fácil sacar las cosas de contexto, y de quicio. Facebook es el pueblo, Twitter es la plaza donde ponerte a dar voces. Badoo es el puticlub y Tuenti el instituto.

 

Pero todo eso es virtual. Las ciudades grandes me parecen fantásticas precisamente por el grado de intimidad que permiten. Porque son impersonales y nadie conoce a nadie. Las redes sociales basan su éxito en el miedo que tiene la gente a ese mundo desolado donde nadie te echa cuenta. Donde necesitas pertenecer a algún estereotipo social, donde necesitas pensar que eres diferente uniéndote a otros tantos que piensan que, igualmente, son diferentes. Y van en sus "comunidades de diferentes" riéndose de lo comunes que son los demás. Las redes sociales alimentan la sensación de que no estamos solos, de que puedes estar sumido en la miseria personal más grande y un simple mensaje de Whatsapp, un comentario en Facebook, una etiqueta, un reply, es que alguien se ha acordado de ti. Pero si alguien se acordara de verdad de ti te llamaría, quedaría y se tomaría un café contigo. Al final las redes sociales crean un mundo artificial que nos permite vivir de forma artificial y no se nos pide que nos sobrepongamos a nuestros miedos y complejos…

 

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…porque al final todo consiste en eso. Los miedos y los complejos. ¿A qué tienes miedo? ¿tienes complejo de inestable, de no saber elegir? ¿miedo de la soledad o complejo de culpa? Mientras te refugias en los miedos y los complejos, sin afrontarlos, la vida no es cómoda. Sólo es aparentemente cómoda.

 

 

"Estaba hablando de ti, no en concreto, sólo de putas e hipocresía" (House)

‘You don’t know my mind’, Hugh Laurie

Ya van tres novelas y me sigo preguntando todavía que para qué escribo. Y siempre me acabo respondiendo lo mismo. Creo que lo hago porque lo necesito. El chamán, donde mejor se siente, es metido en la cueva. Ya van tres novelas que transcurren en paralelo a cosas que van pasando en la vida. Puede que sea una consecuencia lógica, y sean como terapia para sobrellevar los miedos y complejos que vas teniendo. Los que todos tenemos. Las tres tuvieron circunstancias vitales parecidas, y parecían, como dice al final de ésta, que "el final es el principio". Pero lo cierto es que el final nunca es el principio, porque después de todos estos años, al final lo único que te encuentras es que se repiten "las mismas caras, las mismas gentes, las mismas excusas". Una frase que aparece en todas ellas, y que se refiere al ciclo en el que vivimos inmersos. Van cambiando las personas de las que a veces nos rodeamos, pero son precisamente las que cambian las más inmutables. Tu familia, tus amigos, aquellos que permanecen cerca de ti durante años, y que te soportan y te conocen, no siempre en este orden, son los que más cambian, los que, cuando la vida te para de golpe (y porrazo) vas viendo en evolución. En cambio, sucesivamente van viniendo personas que son como un simple cortocircuito de luz en mitad de dos instantes de oscuridad, que decía Nabokov. Esas personas no están destinadas a quedarse, a veces porque hay personas que no estamos preparadas para llegar a casa y que alguien te reciba con "hola, ¿cómo ha ido el día?" mientras te sientas en el sofá con un vaso de agua y el televisor dando las noticias. No es una maldición de chamán ni nada parecido. Los hay que se casan, tienen hijos y viven una vida de silencio y felicidad.  Es que simplemente, en ocasiones es así.

 

Esas personas aparecen en La lluvia de dientes, un instante inmutable donde los personajes se han movido muy lentamente, han evolucionado en sus vidas dando pasos lógicos, pero todo pasos en espiral. Nunca han sentido la necesidad de romper con sus estructuras. Se miran unos a otros, se ven reflejados en los demás, porque ven que el estatismo del resto es su propio inmovilismo. El miedo a avanzar. Aquello que creemos que nos libera es precisamente aquello que nos ata. En un momento dado, uno de los personajes le dice al otro que "cuando toda tu vida queda condicionada por un instante es que has fracasado". Al empezar a escribir esta novela, mi idea era precisamente reflejar cómo la vida puede quedar parada en un día, una habitación. Nunca pensé que estaría tan cerca de experimentar esa sensación. Empecé a escribirla un 19 de enero de 2011 en un tren que me llevaba de San Fernando (Cádiz) a Sevilla. Volvía de trabajar, abrí mi portátil y recreé una conversación más o menos real que me había hecho cierta gracia. Luego pensé en el primer personaje que habla, T., alguien que cometió un delito y por el que toda su vida queda condicionada. Me parecía un personaje interesante, principalmente porque es brutal, directo. Es un salvaje, y no es un buen salvaje. Es un hijo de puta. Pero es simple. Y es imposible de cambiar, porque aunque haya pasado por la cárcel, aunque cumpliera por su condena, la volvería a cometer porque la biología se impone.

 

Esa idea de una biología que a veces no puede ser reprimida por la cultura me llevó a A., otro de los protagonistas. Un día, una habitación. Sartre diciéndome que el infierno son los otros. En La lluvia de dientes, al final, lo que se iba incorporando en aquellas primeras páginas, es la idea de que la vida sólo consiste en el momento en el que estamos y las personas que están en ese momento. Encerrados en una habitación en la cual el infierno son los otros, y nosotros somos, a su vez, el infierno para esas otras personas. Si no nos soportamos, la supervivencia es imposible. Supongo que las circunstancias vitales me hicieron abandonar el proyecto entonces, porque me negaba a aceptar que eso pudiera ser así. Estaba en una habitación con una persona que no podía pensar que pudiera ser un infierno para mí. Y, sin embargo, aquellas primeras veinte páginas parecían casi una profecía. Cuando tiempo después las he vuelto a leer casi asusta ver la precisión con la que se relatan los acontecimientos. Una verdadera profecía.

 

No es que los chamanes seamos profetas. Es que el cerebro intuye y enlaza evidencias de forma inconsciente. Verdades que el chamán lleva a una canción, un poema, un libro, un cuadro, los plasma y ahí los deja. Eso lo pensé cuando vi por primera vez Premonición de la Guerra Civil de Dalí. Hay cosas que están ahí, y te niegas a aceptarlas, te niegas a ver que puedan ser así. "No, no es posible", te dices, y saludas y sonríes. Alargas el infierno vistiéndote como si vivieras en el paraíso. Sin embargo, no es el entorno, son los otros. Un día, en una habitación, el infierno se quitó el velo y apareció en todo su esplendor. Ése fue el momento. Después de aquello, hace unos meses, todo parecía más claro. Y las siguientes doscientas páginas vinieron por añadidura.

 

Encontrar el camino para resolver una novela es apasionante. Ésa es la mayor influencia que me deja de House M.D., la búsqueda metodológica por resolver la comprensión del ser humano. La vida como un hecho descarnado. Como suele suceder, hay series y películas que me influyeron e inspiraron a la hora de escribir esta novela. Twin Peaks es tal vez la más importante, principalmente porque el ambiente en el que se recrea todo es la de un pueblo muy semejante, relativamente grande pero no tanto como para ser una ciudad. Un lugar opresivo, como en Terciopelo Azul, de personas que se conocen desde hace años, y que ocultan sus miedos y sus complejos porque saben que los demás, en el fondo, los conocen. También hay algo de 21 gramos, apenas unos trazos relativos a la forma en la cual las vidas ajenas pueden quedar entrelazadas por tragedias mundanas. Sin embargo, no me gustaba el exceso dramático de Iñárritu, quería que fuera una novela más moderada.

 

Tal vez sea la novela con menos influencia literaria de todas. Las dos principales, por no decir las únicas, tienen que ver con Thomas Pynchon y con Sartre. Del primero no puedo negar la complejidad de usar personajes cuyos nombres importan poco. De hecho, la decisión de usar letras iniciales sin desarrollar estuvo en el aire mucho tiempo. Fue mi hermano quien me animó a ello. Puede resultar lioso, pero la idea era no condicionar y, al mismo tiempo, crear un espacio propio. El pueblo no tiene nombre. Ni las personas. Porque no son nada, son lo que creen que son, y se definen por lo que hacen y sienten. Como sucede en V. de Pynchon. De Sartre, como ya comenté, me influyó la idea que aparece en A puerta cerrada, y que también aparece en un capítulo de House M.D.

 

Sin embargo, una de las mayores fuentes de inspiración ha sido la música. En muchas ocasiones, cuando quería seguir, o estaba atascado en alguna parte, cuando quería recrear una escena y meterme en ella, utilizaba alguna canción para ello. Las escenas más sórdidas y violentas, aunque no fuera física, siempre venían inspiradas por la música de Anna Calvi, especialmente Wolf like me, y en un momento dado, muy importante fue Love won’t be leaving. Su forma de cantar y tocar la guitarra tienen algo de inquietante, y esa inquietud me recordaba a los momentos en los que, de pequeño, me sentaba a mirar a la oscuridad en el campo. La inquietud de lo que de día sabes qué es, y al no ver en la noche se vuelve un miedo atávico. En gran parte, la genial banda sonora de Twin Peaks obra de Badalamenti me sirvió para estar dentro mismo del pueblo. Sus tonos terroríficos, y otras veces oníricos, resultaron fundamentales para dibujar el cuadro en el cual se mueven los personajes. Me encantó escribir la escena en la cual, precisamente, los personajes transcurren como si de fondo sonara The Nightingale cantada por Julee Cruise y escrita por el propio Lynch. También fueron importantes Human de Civil Twilight. Y en especial la canción que siempre inspiró el final de la novela, e incluso su propio desarrollo, Passing Afternoon de Iron & Wine. Porque todos ellos, todos los personajes, como todos nosotros, aspiran a una tarde tranquila, viendo el sol colarse entre las hojas, las del mismo árbol donde antes pasearon otros como nosotros y vinculados a nosotros. La continuidad. La que tenemos en los hijos, y la que tuvieron nuestros padres en nosotros. Y cuando esa continuidad se rompe o se vuelve imposible, se acaba por desear lo que se sabe que nunca se va a alcanzar.

 

Debería agradecer a varias personas el proceso de escritura. Sobre todo por las conversaciones con ellos que me llevaron muchas veces a pensar en escenas y situaciones. De Inma escuché la forma en la cual la rabia puede ser interiorizada y expresada de forma inteligente para que no te devore. Si hay algo de inteligencia en algún personaje a la hora de manejar la vida como drama equilibrado con instantes de felicidad, se lo debo a ella. De Curro, largas conversaciones sobre la propia condición del ser humano, y el haber experimentado en los últimos meses la vida como crueldad, esos momentos en los que no es ya que el destino te dé un golpe, sino que se recree en ello. Y sobre todo la visión descarnada para una vida que es lo que es, y nada más. De Carlos la fe en que el ser humano puede tener ciertos momentos de bondad, y sin esa visión no habría algo de esperanza oculta entre algunas líneas. De mi hermano su inmensa cabeza. Y no me refiero a su tamaño, sino a un cinismo inteligente lleno de recursos.

 

Hay personajes en la novela que podrían parecer reales. Yo mismo. Sin embargo, nadie existe realmente. Podríamos ser todos, yo podría ser A., pero también C., o S., o incluso I. Si alguien se siente identificado es simplemente porque es la novela donde más he profundizado en más personajes diferentes. En las anteriores prácticamente sólo había un personaje desarrollado en profundidad. En ésta hay muchos, todos con sus miedos y complejos. Miedos y complejos que todos tenemos. El miedo a la soledad. El complejo de saber que tal vez tu destino no sea el poder compartir tu vida. El miedo a que se repita aquel día, aquella habitación. El complejo de que los demás observen tu incapacidad para salir de la habitación. El miedo a volver a confiar. El complejo de volver a fallar. El miedo de que se produzcan más fragmentos de pasado. De que la vida no sea al final una elección. Sino una imposición.

Passing Afternoon, Iron & Wine

(*Versión ampliada del artículo aparecido en la Revista Madriz)

No se me enfaden por lo que van a leer. Entiendo que algunos de ustedes como madrileños y españoles estarían contentísimos de organizar unos juegos olímpicos. Que conste que a mí también me parecería fabuloso que Madrid acogiera un evento que, de algún modo, le falta en su caché histórico contemporáneo. Además, las Olimpiadas son de esos fenómenos rancios que aún suenan muy cool. Lo que yo me cuestiono es, ¿pueden ser unos Juegos un paliativo o un extensor de la crisis económica española?

            Resulta inquietante que las dos grandes iniciativas empresariales de gran envergadura que pretenden mejorar la situación económica nacional tengan que ver con el ladrillo. Tanto Eurovegas como los Juegos Olímpicos basarían el primer tramo de su creación de riqueza en una expansión crediticia que permitiera financiar a empresas de la construcción, generando con ello un esperado trasvase de las rentas del trabajo al consumo y reactivando en parte la economía circundante. Del ladrillo vienes, y en ladrillo te convertirás, oh riqueza española. Por lo que parece.

            El primer asunto espinoso para las Olimpiadas en Madrid es que gran parte de las infraestructuras ya están construidas, de modo que el impacto económico de este sector sería menos acusado que aquello que se valoraba hace unos años. En este sentido, lejos de ser una desventaja económica, puede resultar paradójicamente una medida favorecedora. Los Juegos de Múnich (1972) o Atenas (2004), por citar dos casos, fueron un lastre terrible desde el punto de vista económico porque la administración pública tuvo que endeudarse rápidamente y de forma gigantesca para un impacto económico muy concreto en espacio y tiempo. Además, en muchos casos no es tan representativo, como sucedió en las Olimpiadas de Londres donde los Juegos supusieron apenas unos ingresos del 0’1% del PIB nacional mientras que supusieron un gasto del 0’7% del PIB.

Más claro, generas una deuda a muchos años para unos ingresos cuyo pico se sitúa en unas semanas. El dinero con el cual se han pagado las obras y los sueldos no existe literalmente hasta que se produce el evento. Si hay una buena gestión de patrocinadores y empresas privadas como sucedió en Los Ángeles 84, la balanza puede ser positiva. Si no, el desastre puede ser terrible, como en Atlanta 96. Piensen por un momento en el siguiente ciclo: hay una expansión crediticia que, a base de generar deuda, permite pagar las nóminas de un elevado número de trabajadores. El dinero que ellos usan no existe (existen las monedas y billetes que emplean, lógicamente, pero no existe la riqueza que en teoría representan, hay menos riqueza que monedas), porque quienes han financiado todo el proceso esperan ir recuperando la inversión en el evento. Pero, una vez llegado, puede suceder que no se hayan atraído suficientes patrocinadores o que parte del dinero que estos han invertido “desaparezca” (la corrupción en torno a unos Juegos está calculada en un 12%, aunque depende del país claro está). La deuda no se cobra y estalla la burbuja.

En general, se estima que en la mayor parte de los casos las Olimpiadas no han contribuido más allá del 2% del PIB (aunque los casos de Los Ángeles y Londres están incluso por debajo del 0’1%). Salvo cuando ha existido previsión de uso posterior, como en Sídney, casi siempre ha sobrevenido una recesión por efecto valle provocado por un aumento desorbitado de las inversiones y el consumo y una caída en picado tras el evento.

No obstante, según Qingwei Wang y Christian Dick (“The Economic Impact of Olympic Games: Evidence from Stock Markets”), las Olimpiadas no tuvieron efecto económico a medio-largo plazo en Beijing 2008, mientras que en Atenas 2004 el endeudamiento vino agravado por el abandono de las infraestructuras cuyo mantenimiento cuesta 775 millones de dólares al año. Si bien Madrid suele tener experiencia en aprovechar al máximo aquello de lo que dispone, España es experta en generar edificios, aeropuertos, estaciones de tren y otras barrabasadas sin uso ninguno. Pregunten por el Estadio Olímpico de Sevilla (que ni es olímpico ni está catastralmente en Sevilla y casi ni es estadio puesto que no se usa).

El estudio de Wang y Dick también arroja datos interesantes sobre el empleo. En muchos casos, desciende la tasa de desempleo en la ciudad organizadora, pero aumenta en el conjunto del país. Se produce un redireccionamiento de la inversión y de la fuerza de trabajo, pero cuando termina todo lo relacionado con el evento, la tasa de desempleo aumenta en la ciudad organizadora hasta situarse a los niveles nacionales. También es importante notar que algunos analistas relacionan este problema con el hecho de los salarios. En su mayoría, el trabajo vinculado a este tipo de eventos es poco cualificado con un sueldo medio que no permite reabsorber una parte mediante IRPF hacia el Estado, dado que no suelen ser muy altos, ni tampoco generar grandes expectativas de consumo. El problema es que para pagar mejores sueldos habría que a) aumentar el volumen de deuda, b) gestionar eficazmente la inversión privada y c) perseguir al máximo la corrupción.

El caso de Madrid no es fácil de analizar porque gran parte de sus instalaciones ya están realizadas y su proceso ha sido tan longevo que empezó antes de la crisis, continúa con ella y a lo mejor para 2020 hasta hemos salido de la crisis. Ojalá. Por eso ese motivo es posible que, de darse el caso, pudieran ser unos Juegos rentables. Porque gran parte de la deuda ya se generó, ya se está pagando y no habría que generar mucha más. Sin embargo, su candidatura tiene un problema esencial: en un buen número de casos el éxito económico fue relativo ya que las Olimpiadas fueron la excusa para iniciar una mayor liberalización económica. Las de Roma estuvieron vinculadas a la firma de Italia del Tratado de Roma, las de Barcelona con la entrada en la CEE y la convertibilidad monetaria, Japón entró en el FMI y la OCDE, Corea y México liberalización su economía y comercio, y finalmente China acabó aceptando negociar con la OMC. El descaro con el que se ha actuado respecto a Brasil tanto en las Olimpiadas como en el Mundial demuestran que los intereses económicos globales priman sobre las razones deportivas.

            Tal vez ése pueda ser el gran problema de Madrid, que sea más rentable para la ciudad y el resto del país, que para los intereses económicos globales.

Dalí dijo una vez “Picasso es comunista, yo tampoco”. Algo parecido estoy tentado de decir respecto a Hugo Chávez. Me llamó la atención desde el primer momento en el que dio su primer discurso cuando tomó posesión de su cargo como presidente el 2 de febrero de 1999. Su discurso era de una energía propia de los políticos personalistas, demagogos pero a sabiendas de tener el respaldo de una parte importante de la población. Hay que recordar que tanto el referéndum constituyente como la propia Constitución que sacó adelante fueron votados con un 81% y un 71%, respectivamente.

            A partir de ahí comenzó un cambio peculiar y profundo para un país que presentaba unos datos socio-económicos preocupantes cuando Chávez llegó al poder. Decir antes que nada que conozco la situación desde hace tiempo porque he conocido venezolanos chavistas y anti-chavistas que siempre me han dado razones bastante sólidas de sus puntos de vista. La realidad, como se verá, son grises y nunca blancos y negros.

            Vamos primero con las cuestiones sociales y económicas que aparecen recogidas en la OIT, la ONU, y la base de datos pública de la CIA (The World Factbook), datos contrastados con los que ha ido proporcionando el gobierno de Chávez. En 1999 la tasa de pobreza oscilaba entre el 85% y el 87% según la FAO; hoy se sitúa en torno al 25% el nivel de pobreza y del 10’5% la pobreza extrema. Para hacernos una idea, con los mismos indicadores España tiene un 22% de pobreza actualmente. En cuanto al paro, en 1999 era del 16%, siendo actualmente del 6%, aproximadamente. Cuando Chávez llegó al poder el PIB era de 91 mil millones de dólares, siendo en la actualidad de más de 328 mil millones, con una tasa de crecimiento que ha pasado del -6% al 4,2%. La inflación ha pasado del 20% al 27’6%, y la deuda externa se ha triplicado. El índice de desigualdad calculado por el Coeficiente de Gini es de 0’39, mientras que el de España, por ejemplo, es de 0’34 pero tiene una tendencia alcista que se calcula puede llegar al 0’40 (lo cual de ser cierto es una barbaridad).

            Estos son los datos económicos y sociales que arrojan cifras incuestionables: Venezuela ha experimentado un impulso gigantesco durante la etapa de Chávez. Ahora bien, ¿es sostenible este crecimiento o ha hipotecado el futuro del país? Veamos. Dados los principios de la “revolución bolivariana” que auspiciaba el programa político de Chávez, era normal que se esperara un colapso económico a medio plazo. La supervivencia del país, tras la huelga petrolera (diciembre de 2002-febrero de 2003) parecía complicada llegando a generarse una recesión económica terrible. Sin embargo, las previsiones del FMI fallaron y tras el final de la huelga el país creció a un ritmo endiablado apoyándose en un único pilar: el petróleo. Esto provocó que el hundimiento de los precios del petróleo a finales de 2008 trajera al año siguiente una nueva recesión de la que salió en el segundo trimestre de 2010. En plena crisis mundial, la economía venezolana creció  a un ritmo de entre un 4’2 y un 5’6%.

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¿Cómo ha sido posible? Es evidente. La economía venezolana y el programa de reformas de Chávez se ha basado en un “fraude exitoso”. El control de la PDSVA (la empresa nacional petrolífera) ha permitido financiar un crecimiento económico artificial manifestado en su creciente y elevada inflación, lo que puede acarrear una espiral de deuda y una crisis en la balanza de pagos. Ahora bien, para que este escenario fue necesariamente pesimista debería desatarse una crisis petrolífera de grandes dimensiones que podría hundir la economía no sólo de Venezuela sino de otros tantos países, incluyendo a aquellos a los que suministra.

            Los escenarios económicos vinculados al petróleo han sido ciertamente peculiares durante la era chavista. Pero la caída de precios que se experimentó en esas fechas pudo ser paliada con un rápido crecimiento porque el nivel de deuda pública de entonces era relativamente bajo. En 2011 se incrementó el gasto público y consolidó su crecimiento apoyándose, no obstante, en la construcción, que ha crecido un 22% en los dos últimos años. La inversión en construcción, sobre todo de viviendas en un programa de protección social, junto a inversión pública sitúa a su economía en un escenario de riesgo, lo que no implica que no sea sostenible. Otros sectores como el servicios, las comunicaciones o la minería han ido creciendo más rápidamente que el PIB total. El problema es que otro sector importante, el de las manufacturas, “sólo” crece al 3’8% y tiene síntomas de estancamiento (representa además el 14% de su PIB).

            La gran ventaja con la que cuenta el país es que su deuda no es especialmente alta, de un 45’5% del PIB según el FMI (un 25’1% según el gobierno de Venezuela), pero, en cualquier caso, muy lejos por ejemplo del 82’5% de media de la UE. Ahora bien, dado que las exportaciones venezolanas dependen en un 95% del petróleo, y éste es sector público allí, al medir el interés como porcentaje de los ingresos por exportaciones públicas se obtiene que estos fueron del 3’4%, pudiendo llegar al 4-5% en estos años. No es mucho, en realidad. La deuda pública interna fue de tan sólo el 11’4% del PIB, teniendo un amplio margen de endeudamiento llegado el caso de un proceso recesivo coyuntural. No parece, pues, que pueda darse un escenario económico de colapso en un plazo medio.

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            En la deuda es en donde más interés (nunca mejor dicho) tiene el gobierno de EEUU porque el gran sostenedor crediticio de Venezuela es el gobierno chino. Este cambio de aliado estratégico es el que más preocupa a Washington. China ha prestado al gobierno chavista cerca de 36 mil millones de dólares, de los cuales aún debe 22 mil, aproximadamente, pero a un interés muy por debajo de los créditos internacionales. Esta alianza estratégica crediticia depende de la solvencia china, pero mientras se dé, Venezuela puede tener las espaldas guardadas en caso de tener que endeudarse para sostener el crecimiento por deuda pública.

            A pesar de todo, el país tiene tres problemas fundamentales que ha generado la propia inercia del modo de hacer política de Chávez. No es tanto la enorme dependencia del petróleo dado que según el U.S. Geological Survey Venezuela tiene potencialmente 500 mil millones de barriles de petróleo y el precio del mismo tiene una tendencia general alcista.

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            En realidad los tres problemas a los que se enfrenta Venezuela ahora mismo, y que interesan porque pueden tener repercusión internacional a nivel económico (España es un país con enormes intereses estratégicos empresariales en la región) son la generación de un Estado Clientelar paralelo, la inflación que puede generar problemas serios de suministro que ya se han dado y la falta de inversiones privadas.

            Empezando por lo último, la llegada de Chávez al poder se acompañó de una creciente fuga de capitales a los que la política de nacionalizaciones no ha ayudado. Es más, durante 2011 y parte de 2012 se aceleraron las trasferencias al extranjero. Aunque aún no ha afectado a su balanza de pagos, si no pone freno a ello puede volverse un problema serio en el próximo lustro. Resulta paradójico en un modelo económico en el cual el 90% de los ingresos de divisas los recibe el Estado, lo que le permitiría realizar controles de cambio más eficaces y atractivos. Entre los motivos por los cuales aún no se ha llevado a cabo una política cambiaria de este tipo es que la situación política polarizada trae consigo que haya desplazamiento de dinero fuera del país más por motivos políticos que por inversiones. Además, la situación de inestabilidad del último año ha generado en Venezuela la idea de que, tarde o temprano, se va a proceder a devaluar la moneda sin motivo aparente, lo que ha traído consigo una aceleración de esa fuga de capitales.

            Esto guarda relación con el modelo de Estado generado a raíz de las prácticas políticas de Chávez. La polarización política, sin entrar a juzgar a “buenos” o “malos”, ha traído consigo una creciente necesidad del aparato estatal por controlar la información y, por otra parte, su control sobre la principal fuente de ingresos del país, el petróleo, le permite afrontar un modelo evergético. Emerge así el Estado Paternalista que otorga parabienes a sus ciudadanos exigiéndoles a cambio muy poco. Chávez era un emperador en el sentido romano del término en la medida en la cual utilizaba la caja pública para acrecentar su figura y crear vínculos de dependencia. Dones agonísticos que el votante agradecido devuelve en forma de veneración. Todos salen beneficiados a corto y medio plazo: mejoran los servicios públicos y el gobernante mantiene su poder.

            ¿Supone esto un deterioro democrático? En términos liberales, obviamente. Ahora bien, ¿es mala la gestión de los recursos? En comparación con etapas anteriores, no. Si se observa la necesidad de reorientar las inversiones económicas, sí. Se ha mejorado en un período de tiempo acelerado lo que habría exigido un proceso más pausado con el fin de crear la sensación de que existe un maná inagotable. Esto oculta unos altos niveles de corrupción disfrazados por la lluvia de petrodólares. Es posible que exista una relación entre el aumento de la violencia y la construcción de este Estado Clientelar. Siempre que surgen este tipo de modelos de capitalismo expansivo devuelto mediante regalías a la ciudadanía, se generan para-estructuras de tipo mafioso que tienen reciprocidad con el Estado. De hecho, actualmente el número de homicidios por cada 100 mil habitantes es de 52, más del doble por ejemplo que México (22).

            Los nuevos gobernantes, sean del partido que sean, tendrán que enfrentarse a un riesgo de inestabilidad en el caso de querer desmontar este aparato. De hecho, puede ocasionar a medio plazo un problema mucho más grave que el económico en el caso de que el número de estructuras vinculadas a la Economía del Mal (usando una expresión del profesor Alfonso Álvarez-Ossorio) crezca hasta amenazar con fagocitar al propio Estado, o no existan recursos para satisfacerlas.

La preferencia esclava (I)

Publicado: 15 febrero, 2013 en Sin categoría
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(*) Esta entrada es una versión ampliada del artículo publicado en la Revista Madriz

Vaya por delante que yo he apoyado la ILP sobre la dación en pago y contra los desahucios que se ha admitido a discusión en el Congreso. Digo esto porque también voy a decir lo siguiente: sin un cambio en el modelo productivo de nuestra economía la dación en pago es un tiro en el pie. No basta con cambiar lo justo para que todo siga igual porque puede tener consecuencias muy graves.

Vayamos por partes. Lo primero, lo más inmediato, es conceder una moratoria por dos años, como de hecho ya han hecho Bankinter y el Santander, a determinados casos en los cuales existe imposibilidad absoluta de afrontar ningún tipo de pago. Es necesario, así lo ha expuesto la oposición política, que se rebajen los plazos hipotecarios en aquellos núcleos familiares sin ingresos o, al menos, que se contemple un pago de un 30% (esto también está en la ILP) de los ingresos totales mientras exista tal situación.

El agravio comparativo con los bancos es terrible. Se pretendió inyectar dinero a la banca, un error descomunal, para que ésta pudiera afrontar los impagos e hiciera fluir el crédito a las empresas y no se ha conseguido ni lo uno ni lo otro. En lugar de ello, se han superado los 350 mil desahucios que suman alrededor de 90 mil millones de euros en hipotecas impagadas, una cantidad ligeramente inferior a la que se ha invertido en “rescatar” los bancos. Podrían haberse rescatado a esas familias y haber gestionado con ellas la forma en la cual devolverían el préstamo. No se trataría de pagarles el inmueble, sino de articular un mecanismo de respuesta más equilibrado. Y aun así, no habría hecho falta esa cantidad, sino de cerca de 7 mil millones para cubrir la moratoria de dos años, el 0’16% del PIB cada año y únicamente para los casos en los que el desahucio suponga perder la vivienda única. No  es un problema de dinero, pues, sino de voluntad.

Ahora bien, una cosa es articular este sistema de respuesta inmediata, y otra cosa qué hacer a medio-largo plazo. Nuestro modelo productivo se ha basado, y se sigue basando, en una retribución salarial en función de los beneficios al sector y no por su contribución al PIB nacional. Esto es, el mercado laboral ha funcionado con una curva P-Q disfuncional apoyada en una expansión crediticia más artificial de lo que ya de por sí suele ser. La baja cualificación de este tipo de trabajador dificulta su recolocación cuando el sector entra en recesión, hace recaer sobre las arcas públicas todo el proceso de prestación por desempleo y formación para reconversión y lastra la inversión en profesiones de mayor cualificación. Por eso, antes que nada, es necesario invertir, o al menos mantener las inversiones en I+D+i para ir reconvirtiendo nuestro modelo productivo.

Pero, oigan, un modelo económico no se cambia de la noche a la mañana. Tenemos millones de parados y muchos de ellos vinculados al sector de la construcción que, ahora mismo, fundamenta además la fuente de riqueza de un buen número de grandes y medianas empresas nacionales. Por eso, adoptar de golpe y porrazo la dación en pago puede ser un error monumental si no se adopta antes un cambio en otros ámbitos.

La dación en pago ya está contemplada en nuestra legislación, bien voluntaria, bien forzosa, pero siempre como un acuerdo con el banco. Se puede obligar, no obstante y mediante una ley, a que los bancos ofrezcan la posibilidad de una hipoteca de responsabilidad limitada, teniendo en cuenta eso sí que los intereses van a ser mucho más altos. Más riesgo, más intereses. Esto, de todos modos, no soluciona el problema en sí mismo. Es el problema de la “preferencia esclava”: la elección de un supuesto económico irreversible cuyo efecto negativo es conocido a posteriori. Lo que significa que, aun ofreciendo la posibilidad de suscribir una hipoteca con dación en pago, la gente seguirá eligiendo la hipoteca con intereses bajos.

Además, no todos los casos de desahucio son iguales. Como ya se ha dicho, fuera de los casos de emergencia social, existen también personas con posibilidades de afrontar el pago de una deuda que podrían optar por la dación cuando el valor del inmueble en el mercado sea menor al que lo compraron. Esto aumentaría la especulación aún más de lo que ya lo hace. Dación, pues, a mansalva, tampoco. La solución está en adoptar un modelo semejante al que ya existe para las empresas: el deudor sin ingresos ni actividad productiva es librado de la hipoteca mediante dación en pago para que pueda volver a buscar vías de reactivar su producción (empleo) sin lastres crediticios. La solución podría venir reformando la Ley Concursal adoptando lo que ya existe en EEUU, Italia, Reino Unido, Alemania o Francia, y que se conoce como fresh start.

Estas ideas aquí esbozadas ya fueron recogidas someramente por algunos partidos en sus programas de las elecciones pasadas. El problema es que ahora se está obviando del debate general. Como se ve, es un asunto complejo que debe articularse en diferentes etapas: primero articular un medio de respuesta al drama de las familias que se quedan en la calle; segundo, cambiar el modelo productivo para tener una economía más fuerte y avanzada que pueda afrontar reformas de calado en el sector financiero; tercero, establecer un sistema hipotecario más equilibrado y justo que anteponga la sociedad al mercado, y no al revés.

‘Another lonely day’, Ben Harper

 

(*) Ésta es una versión ampliada del artículo aparecido en la Revista Madriz

Ponerme  a hablar a estas alturas de la película de Bárcenas y sus papeles, y de todo lo que ha pasado últimamente no sería más que un ejercicio de redundancia. Me van a permitir que resuma en una sola línea mi opinión al respecto: no tienen vergüenza. Dicho esto, me resulta más interesante que ustedes se den cuenta de que hay muchas formas de ser idiota.

Lo del esperpento de Rajoy hablando a través de un monitor es traca, oigan. En un momento de extraordinaria debilidad, con un país sumido en tensiones internas a consecuencia de los innumerables escándalos de todo, y externas con los alemanes metiéndonos más presión que un cura en un club de alterne, ahora es cuando más necesitábamos un líder que hubiera ganado unas elecciones (no que hubiera llegado por K.O. del rival) de verdad y tuviera carisma. Porque eso afecta a la economía, lo hace por dos motivos.

El primero, porque imagínense a esa Merkel pidiéndole el periódico a sus asesores. Por hacerlo por orden geográfico de periferia a centro, la señora (sí, es señora aunque no lo crean) se informa de cómo va una investigación por un fraude de 9 millones de euros en unos ERE’s falsos en Andalucía que implican al partido en el poder. Menos mal que para pasar el susto se congratula al ver que el PSOE promete educación pública pero privatiza servicios administrativos y no contrata profesores (¿será para dar un mangazo? No creo, ¿no?, se preguntará la ingenua Angela). Piensa que menos mal que apoyó al otro partido, porque lee cómo en Cataluña, los que quieren hacerse independientes, la mano derecha de su presidente, Oriol Pujol, está implicado en otro fraude por concesión de licencias para las ITV. No entiende que haya quien diga que con la independencia pueden tener atados en corto a sus políticos, porque entonces, ¿para qué han votado a Mas si él puso la mano en el fuego por un compañero imputado? ¿en CiU son corruptos por culpa de España?

La canciller de hierro pasa páginas y busca su oasis, su salvador, el PP al que apoyó y que… espera, no puede ser. Lee que su extesorero, un tal Bárcenas, tenía unos papeles donde se detalla contabilidad paralela y pagos a líderes del partido no declarados a Hacienda. Como alemana tiene un problema con eso. No pagar a Hacienda teniendo en cuenta el esfuerzo que se les está pidiendo a los ciudadanos le parece feo. Es ilegal, pero incluso aunque ese dinero proceda de fuentes “honradas” y no de comisiones ilegales, resulta inmoral que un político tenga cuatro sueldos como Cospedal, siga cobrando parte de su sueldo de funcionario estando en excedencia como Rajoy, o se le pague una fiesta de cumpleaños por lo mismo que gana un profesor en medio año. Es inmoral.

Pero Rajoy no debería dimitir por un supuesto, porque de momento los papeles sólo son un supuesto. No debería dimitir por participar o dejar que a su alrededor otros se lucran inmoralmente. Rajoy debería dimitir por incompetente, ¿qué clase de imagen da un país cuyo líder es incapaz de gestionar y mantener limpio su propio partido? ¿cómo va a acometer la labor de evitar el fraude fiscal y exigir medidas de ajuste a sus ciudadanos? ¿con qué cara…? ¡ah bueno! Encontró la solución: un monitor. Por si no nos sentíamos suficientemente humillados, nuestro Presidente no da la cara y aparece tras un monitor, como si fuera un holograma cual Jordi Hurtado. Y si eso no era humillación bastante, preguntado en una rueda de prensa dice “todo lo publicado es falso, salvo alguna cosa”. ¿Salvo qué cosa? ¿es usted idiota o se está riendo de nosotros?

Eso provoca el segundo daño a nuestra economía. Cuando hay una persona a la que has elegido y es capaz de aglutinar las esperanzas de su pueblo, el emprendedorismo crece porque sientes que puedes tener confianza en el futuro. Rajoy (fíjense que no digo el PP porque entiendo que los españoles han elegido a ese partido por encima de quien ahora lo representa) no puede seguir siendo presidente porque su imagen y su forma de gestionar las cosas están hundiendo las iniciativas de los españoles. Mis simpatías no están con su partido, pero lo más estable para nuestro país ahora mismo es que Sáenz de Santamaría asumiera la presidencia. Es una mujer relativamente joven pero muy preparada. Sabe gestionar equipos, conoce el peso de la responsabilidad. Entiéndame, a mí no me gusta el PP, pero es que unas elecciones anticipadas podrían ser un desastre y enfrente está Rubalcaba con su cara de malo de V de Vendetta.

La inestabilidad puede ser muy peligrosa y en este país de eso sabemos mucho. Porque no siempre hemos tenido políticos como Felipe González (tuvo la desfachatez de ir a la puerta de la cárcel a despedirse de dos imputados como Vera y Barrionuevo) o Rajoy. En 1935 el hijo del presidente Alejandro Lerroux se vio implicado en una trama de corrupción. Dos extranjeros, Strauss y Perle, trataban de introducir en España un juego de ruleta que había sido prohibido en otros países. Mandaron dos relojes al hijo de Lerroux (en teoría para su padre) y otro al Ministro de la Gobernación. Obtuvieron las licencias pero el uso de la ruleta en dos casinos fue paralizado y Strauss pidió una indemnización al mismo Lerroux. Ignorado, acudió a Azaña, el Rubalcaba de esta historia que llevó el asunto a las Cortes, interviniendo el Fiscal General del Estado. El escándalo llevó a Lerroux a dimitir a pesar de que jamás pudo demostrarse nada, y acabó con todo su partido disuelto. Las elecciones anticipadas supusieron un panorama de extraordinaria inestabilidad dado que no dio tiempo a que la sociedad en su conjunto asumiera un proyecto consensuado desde la oposición política. El resto, 1936, ya lo conocen.

Por eso, ahora mismo, necesitamos estabilidad. Las políticas del gobierno seguirán siendo las mismas y eso nos seguirá abocando a la recesión y el colapso social. Pero en un ambiente de estabilidad las inversiones extranjeras pueden aumentar, el posicionamiento frente a las exigencias de la Troika puede ser más fuerte y se gana tiempo para generar, desde otras posiciones políticas, alternativas sociales y económicas a medio plazo. Pero es necesario que el televisor balbuceante que tenemos por presidente se vaya. Ya está bien de reírse de nosotros.

 

‘How to fight loneliness’, Wilco

Hace unos días leía en la Revista Madriz con sumo interés un artículo dedicado al fenómeno de las “malenis”. Me encantó sobre todo su definición del fenómeno: “el malenismo, lejos de ser una tendencia abominable más, roza en ocasiones la ideología proclamando implícitamente la reclusión en la cocina, las fiestas de pijama para señoras de treinta y cinco, los colores pastel como exaltación de la “feminidad”, la sonrisa hipócrita permanente y un concepto de belleza que siempre abusa del colorante (y el colorete)”.

            En parte era una idea en la que venía pensando desde hace algunos años, desde antes incluso de todo este abismo llamado crisis, y de que empezaran a desguazarnos el Estado del Bienestar. Es el “buenismo”, eso que también está presente en gran parte de la ¿filosofía? de la Programación Neurolingüística y otro tipo de pseudociencias que preconizan que si vives en una suerte de canción perenne de Lenka o pones los ojitos como Karina todo está al alcance de tu mano. Y es verdad si asumimos la vida como una “metavida” interconectada a perpetuidad en un camino que vaya desde la realidad al deseo sin billete de vuelta.

            A mí lo que me preocupa particularmente es cómo eso se manifiesta en nuestras elecciones políticas y económicas. Hubo un tiempo en el que todo era un tanto “malenista” si se me permite la derivación del término. Zapatero nos habló de igualdad y progreso pertrechado tras una tropa de insufribles ministros buenistas. Pajín habló de que la coincidencia entre Zapatero y Obama en la presidencia sería un "acontecimiento histórico" para "el planeta" y supondría "una esperanza para muchos seres humanos". Ahí es nada. Luego también estuvo la Aído que nos coló, aparte de un novio con una “embajada de Andalucía en Madrid” con un sueldo de cientos de miles de euros destinados a dar fiestas donde corría el jamón y el fino, un concepto de igualdad superficial y limitante.

Eso es muy propio de la política maleni, establecer dogmas que se arrojan una verdad absoluta basados en la superficialidad. En lugar de buscar el equilibrio, mucho más justo que la igualdad, se estableció como norma que todos somos iguales. Y eso es mentira. La hija de un buen amigo dirige un centro para personas mayores y la obligaron a contratar el mismo número de hombres que de mujeres porque había más de éstas. Se encontró con un problema esencial: es una profesión que gusta más a mujeres que a hombres. Estas cosas las digo yo y las dice también Louann Brizendine, en su tiempo del movimiento feminista de California y actualmente Doctora en Neuropsiquiatría en la Universidad de Berkeley. No se trata de buscar lo que nos limita para ponernos trabas, sino, al contrario, facilitarnos el camino.

La elección política de la maleni es un progresismo sin cambio, esa revolución-fiesta que no entiende que, nos guste o no, la violencia ha formado parte de los intensos cambios políticos. No la justifico, ojo, simplemente se trata de no mirar hacia otro lado. Ni siquiera la Transición fue un proceso pacífico, que se lo pregunten a los abogados de Atocha (con una ouija mediante claro). Gracias a nuestro “amado líder” que dirían en Corea del Norte, las manifestaciones se han multiplicado y con ella la posibilidad de convertir la “rebelión” en un verdadero “postureo”, una forma de estar contra todo estando a favor de nada.   

Esto también tiene que ver mucho con su elección económica. La crisis ha cimentado una lacra que ha demostrado el buenismo de la Ley de Igualdad pero su escasa efectividad. El paro femenino es de diez puntos más que el masculino. Influyen muchos factores. Uno de ellos es que la sociedad no es consciente de la importancia de la educación, no digo ya la inversión o no en ella, porque muchas veces no se trata sólo de tener ordenadores o más profesores. Se trata de que desde la propia familia se haga ver que la educación es importante. Y cuando unos padres no se suman a los profesores en esas reivindicaciones, o ni siquiera acude al tutor para saber cómo va su hijo, se le está diciendo que la educación no es tan importante. La educación es uno de los pilares de la cultura, entendida ésta como represión de los instintos biológicos. Para entender qué tienen que ver estas cosas, sólo hay que cruzar los datos de fracaso escolar y tasa de embarazo no deseado. No falla, vivo en Andalucía, sé de lo que hablo.

Con esto no estoy criticando que alguien tenga hijos antes de los 30, sino que en su cabeza no existan los cauces para elegir cuándo tenerlos porque no ha recibido una educación basada en opciones sino en limitaciones. Esta no suele ser la situación, no obstante, de quien practica el malenismo ya que, por lo general, suelen tener estudios superiores y están en paro porque las medidas de incorporación laboral de la mujer fracasan.

Dado que algunas de esas medidas buscan fomentar el autoempleo, muchas optan por montar un negocio. Hay casos de extraordinario éxito, empresas creadas y dirigidas por mujeres que funcionan maravillosamente. Pero no son empresas de economía maleni, sino aquellas que tienen un Plan de Viabilidad, un Estudio de Mercado, etc. Vamos, que una empresa bien llevada da igual que lo lleve un hombre que una mujer, si tiene buenas ideas, es inteligente y sabe moverse, triunfará. Sin embargo, hay iniciativas, ya las abra un hombre o una mujer, tanto da, que tienen en su origen un concepto irreal de lo que es un negocio.

En realidad, el negocio maleni, una tienda de zapatos de niño sólo entre 0-5 años (público objetivo demasiado reducido), una tienda de productos sólo para hacer cupcakes, o incluso vender cosas hechas en punto de cruz y croché como hacían las abuelas sólo que con elementos “vintage”, ya existía antes. No deja de ser una derivación pobre del snobismo que busca lo que Liebenstein llamaba el bandwagon effect. Una carreta musical, colorida, llamativa, a la que nos sumamos por su alegría, el placer que proporciona pero que, cuando somos muchos, termina por provocar el efecto contrario. Apple ha entendido muy bien esto, pero tiene una oferta muy diversificada. Si, en cambio, abro un negocio de este tipo en tiempos de crisis orientado a un público objetivo que gasta su dinero en superficialidades pero dispone de poco efectivo, el resultado es que venderé, sí, pero no lo suficiente para pagar la licencia, el agua, la electricidad, los proveedores, los impuestos y todo eso que es muy, muy real.

El negocio maleni se fundamenta en un modelo económico en el que pensamos antes qué me gustaría que me vendieran antes de cuánta gente puede gustarle lo que le vendo. Se basa en el superficialismo, en la banalidad, en pensar antes en la sede de Apple que en el garaje y las horas de trabajo que hubo en sus inicios.

El problema es que la sociedad en su conjunto es cada vez más proclive a todo ello. Igual que hubo votantes que defendieron a capa y espada a Zapatero cuando parcheaba los problemas con reparto de pan y circo, sigue habiendo quien defiende a Rajoy bajo el eslogan “es lo que hay que hacer”. Igual que hay una maleni falso-progresista, hay también una maleni falso-conservadora, cuyo paradigma es esa Soraya Sáenz de Santamaría haciendo como que llora, o la Báñez encomendándose a la Virgen del Rocío, y hasta el cinismo de Wert y el gracejo fácil de Rajoy-sí-hombre es un “postureo” ideológico vacío dedicado a quienes sólo necesitan repetir y repetir lo mismo de siempre en ideas y prácticas pero revestido de una falsa novedad.

‘Passing Afternoon’, Iron&Wine

El hombre entiende la amistad y el amor desde la muerte. La mujer desde la vida. Estas sencillas palabras encierran detrás un complejo planteamiento que, espero, pueda quedar entendido a continuación. Lo primero es que debemos partir de la aceptación de que existen dos cerebros, uno masculino y otro femenino, que no son totalmente diferentes, sino sólo en algunos elementos. No es una cuestión de establecer en qué es mejor cada uno, sino de asimilar los puntos de convergencia y divergencia de ambos y observar qué repercusiones tiene esto en la creación de la estructura cultural, política, social, económica, etc. Es más, no se trata de aptitudes, ya que estas pueden ser suplidas de diferente forma (por ejemplo, igual que alguien que ha perdido parte de su capacidad cerebral de hablar la recupera reconfigurando su cerebro) y ambos, hombres y mujeres, pueden acabar desarrollando las mismas actividades. Se trata, en realidad, de la forma en la cual afrontan lo que media entre el nacimiento y la muerte, es decir, la vida. 

 

Nos dice Nolasc Acarín, neurólogo: "Entre hembras y varones hay diferencias, de siempre conocidas, en la función reproductora, que se corresponden con estructuras cerebrales también diversas, especialmente en lo que refiere al aparato hormonal. Pero hay más diferencias. Las mujeres tienen unos cuantos millones más de fibras nerviosas que los varones en la conexión entre la parte derecha y la izquierda del cerebro. Gracias a esta diferencia son capaces de comprender una determinada situación con echar un vistazo, mientras que a los varones a menudo nos han de explicar las cosas con detenimiento". Como bien señala además la doctora Brizendine, neuropsiquiatra de la Universidad de Berkeley, las mujeres emplean ambos hemisferios en las respuestas emocionales mientras que los hombres tan solo uno. Un elemento fundamental reside en la amígdala, una suerte de "sistema interior de alarma y coordinación" (Brizendine 2007) que permite conectar los sistemas corporales a los estímulos emocionales. Juega un papel clave en ello el hipotálamo, que apoya la actividad de la amígdala dado que esta coordina la presión de la sangre, los latidos cardíacos, la respiración, y alerta al córtex de cuánta atención necesita lo emocional (teniendo en cuenta que la emoción es un proceso cognitivo sensorial). La amígdala femenina se activa más fácilmente por cuestiones emotivas, lo que motiva un hipocampo mucho más desarrollado que les permite almacenar datos, agradables o no, con una mayor precisión que en el caso masculino. El hombre, en cambio, tan sólo registran las situaciones con suma precisión en los casos de amenaza o violencia.

 

            La configuración del cerebro resulta fundamental en la constitución de las relaciones sociales. Mientras que entre los 17-19 años el cerebro masculino comienza una etapa de "meseta hormonal" hasta prácticamente su vejez, las mujeres tienen oscilaciones en sus diferentes etapas. Prueba de ello es la maternidad, ya que durante la gestación, parto y lactancia se generan hormonas que hacen el cerebro más flexible (Brizendine 2007). Esto permite a las mujeres desarrollar mejores destrezas para gestionar varios asuntos al mismo tiempo, aplicar la versatilidad y la practicidad por igual, así como ser afectivas y objetivas a la par, tomando decisiones con mayor fluidez en situaciones imprevistas.

 

            Otro caso es la etapa de la perimenopausia, de dos a nueve años antes de la menopausia. El cerebro se vuelve menos sensible al estrógeno provocando un caos entre los ovarios y el cerebro. Suelen producirse períodos de depresión, especialmente conforme se acerca la menopausia propiamente dicha. Menos estrógeno puede provocar menos serotonina (Brizendine 2007), norepinefrina y dopamina, e incluso alterar el sueño y con ello el comportamiento social. Según los investigadores, tres de cada diez mujeres mantienen ciertos síntomas incluso tras la menopausia. Nos dice Brizendine: "La súbita pérdida de estrógeno, así como de la testosterona [hormona de la agresividad], dispara síntomas en los que se incluyen la baja energía, la minusvaloración y la reducción de la libido; así como también el mal humor, los cambios en el sueño y los sofocos.

 

La mayoría de las mujeres que sufren histerectomías totales pueden evitar dichos problemas si comienzan una terapia sustitutiva de estrógeno en la sala de recuperación o, incluso, antes de entrar en el quirófano. El tratamiento temprano con estrógeno puede ser especialmente importante para proteger la función de la memoria en la posthisterectomía, como han sugerido los estudios de Barbara Sherwin. Para las mujeres -incluso para las que han pasado la menopausia- conservar las conexiones y apoyos sociales es una manera importante de reducir los agobios propios de vivir solas y hacerse mayores. Las mujeres responden al estrés de modo diferente que los hombres y sacan más beneficio del apoyo social.” Junto a esto, la mujer pierde en torno a la cincuentena un 70% de la testosterona que poseen dado que las glándulas adrenales disminuyen su producción. No es un caso exclusivo ya que los hombres también ven disminuida esta cantidad de testosterona aunque en una cantidad ligeramente  menor.

 

 

Ni todo es cultura, ni todo es biología en las relaciones

 

La neuróloga Badinter expone un estudio de Gilmore en el cual se muestra cómo los hombres necesitan mostrar mediante pruebas de virilidad su valía. Generalmente estas pruebas tienen que ver con la valentía, la impasibilidad al dolor, el desprecio a la muerte. Este asunto es de vital trascendencia. Ante la imposibilidad de llevar a cabo el nacimiento, dado que el hombre es instrumento esencial pero no primordial en el mismo, el otro tránsito que se produce en la vida es la muerte. El dolor físico y la soledad surgen como respuesta al final de la etapa infantil con el desapego respecto a la madre (Brizendine 2009). De hecho, los niveles de testosterona aumentan notablemente durante la pubertad liberando una respuesta progresivamente más violenta en el joven. La creación de ritos de paso masculinos suelen ir asociados a cómo el niño pasa a ser admitido como hombre entre los que son sus semejantes.

 

Es fundamental que entendamos la cultura como represión de los instintos, una especie de cauce hacia las pasiones biológicas. Al respecto, nos dice Genaro Chic que la cultura permite crear una "jaula de libertad" marcada por las leyes en la que se impide que cualquier miembro del grupo aplique la muerte a otros de forma arbitraria. “Las pulsiones sexuales también causan desasosiego y pueden llevar a enfrentamientos dentro del grupo si se deja a los individuos que procuren satisfacerlas libremente. Por ello la institución más antigua conocida en los grupos humanos es la del matrimonio, que regula el reparto de los machos entre las hembras (o viceversa, con más frecuencia). La naturaleza queda así reprimida.” 

 

Amor y muerte quedan en la estructura cultural, que suele ser casi siempre masculina, entrelazados irremisiblemente. La cultura impone ritos, y desde antiguo se crearon ceremonias que unían lo erótico con lo tanático a través de la orgía (de ‘orgás’, tierra fecunda, ‘orgiasmós’ u orgasmo, paroxismo de la celebración) manteniendo así el vínculo con el mundo de lo divino, que la cultura amenaza. "Que la represión superior del masculino mundo guerrero –el de la fuerza física- llevara a una persecución bastante general del femenino mundo brujeril –el de la mayor fuerza mental- es ya otro tema”.

 

Para Bataille esto constituye un acontecimiento fundamental, permitiendo al hombre concebir una escena social, la de la fiesta, como un marco de recuperación de la alegría-dolor de la vida al huir de su gran miedo: la muerte. Freud en El malestar en la cultura expone perfectamente que aquello que más miedo da a los hombres es lo inevitable, la muerte, dado que el nacimiento sí puede ser evitado y controlado. El "sacrificio" (de sacrum facere, hacer sagrado) es entendido así como una forma de recuperar la muerte para los dioses. Esto lleva a prohibirla en el marco de relaciones terrenales. Los impulsos biológicos quedan así encauzados a través de exaltaciones controladas, como sucede con las ingestas de alcohol masivas permitidas en determinados acontecimientos como el carnaval. Es curioso, además, que "fue la aludida represión cultural la que llevó al hombre a ser capaz de leer y escribir, permitiéndonos abstraer y situarnos en el tiempo, generando tanto la esperanza como la ciencia, y por ende vivir apartados de la muerte individual cada vez en mayor medida, al potenciar nuestra capacidad predatoria. Fue la cultura, paradójicamente, la que inventó el negocio del ocio, o sea la fiesta organizada.” (Chic)

 

Bataille traza a la perfección la relación entre la represión de la cultura y la expresión biológica. Sus conceptos de continuidad  y discontinuidad parten de una idea: el individuo es un ser aislado, discontinuo del resto de seres humanos por una razón física que no se manifiesta igual en hombres y mujeres. Mientras que éstas tienen en el acto de parir un vínculo biológico con otro ser humano de forma directa (algo que Brizendine, por ejemplo, pone de relieve en El cerebro femenino), el hombre requiere de una búsqueda constante de esa continuidad. Para Bataille, la salida estaría en el erotismo, un concepto que hay que abordar desde una perspectiva mucho más allá de la puramente biológica. Con frecuencia se tiende a banalizar la forma en la cual los hombres abordan las relaciones amorosas y el sexo. Comte-Sponville (2012) dice al respecto que "las mujeres inventaron el amor, y los hombres el sexo, lo que no implica que las mujeres también disfruten del sexo y los hombres también lo hagan del amor". Es decir, al asumir que la relación se establece en dos niveles, el cultural y el biológico, lo erótico es un camino comunicativo a través del cual se busca un enlace con la continuidad. El erotismo constituye un buen ejemplo, deseado por el hombre (en su cerebro lo visual es fundamental en el sexo) y practicado por la mujer (cuyo cerebro responde de un modo más amplio y conductual al acto sexual, de ahí que posea más zonas erógenas). La esfera de lo erótico es amplia, se amplia a los campos del arte, la mística o el amor.

 

Sin embargo, nos dice Bataille que "Estando la continuidad del ser en el origen de los seres, la muerte no le afecta. O incluso al contrario: la muerte la manifiesta. Este pensamiento debería ser la base de la interpretación del sacrificio religioso, al cual la acción erótica se le puede comparar (…) En el sacrificio, no solo hay desnudamiento, sino que además se da muerte a la victima (…) La victima muere, y entonces los asistentes participan de un elemento que esa muerte les revela. Este elemento podemos llamarlo, con los historiadores de las religiones, lo sagrado (…) Quien me haya seguido entenderá ahora, en la unidad de las formas del erotismo, el sentido de la frase: ‘No hay mejor medio para familiarizarse con la muerte que aliarla a una idea libertina’ (Sade). Permite entender en ella la unidad del terreno erótico que se nos abre si rechazamos la voluntad de replegarnos sobre nosotros mismos. El erotismo abre a la muerte.” 

 

El hombre, frente a la mujer, es un ser en eterna discontinuidad y por ello la busca. La mujer también, hasta que la halla. Para el hombre constituye una búsqueda en la cultura que reprime la biología en la cual lo encuentra la mujer. Las diferencias hormonales en el cerebro llevan, según Brizendine, a una mayor agresividad por parte del hombre, como también manifiesta Badinter (quien por cierto pertenece al movimiento feminista).  ¿Qué papel juega entonces el sacrificio vinculando continuidad y muerte? El sacrificio ha sido entendido como un mecanismo por el cual se accedía a la plenitud de lo divino. Tanto Levêque como Kerényi exponen un concepto de religión antigua en la cual el Ser (y con ello la plenitud y la continuidad) proceden de la divinidad. Bataille permite avanzar sobre esa idea al unirlo a un hecho fundamental: el ser humano es consciente de su propia muerte (los Neanderthales, por ejemplo, no lo eran, que se sepa hasta el momento).

 

Como nos dice Genaro Chic, este conocimiento es lo que provoca una honda angustia en el ser humano, no tanto el hecho de morir, como el saber que en algún momento se producirá. La violencia juega en ello una relación fundamental ya que establece mecanismos para controlar la llegada de la muerte, y su control y regulación son entregados a la organización de estructuras sociales que garanticen, en cierto modo, que se producirán cuando la comunidad lo estime oportuno. "Piénsese que la dimensión trágica de Un mundo feliz, propuesto por A. Uxley, está en ese pequeño fallo de tener que salir de esa vida prefabricada por un sistema lógico que ha quitado las pasiones del comportamiento humano, convirtiéndolo en un ser predeterminado para ser feliz: la muerte a plazo fijo, ineluctable si se ha roto el ritmo natural de la vida que lleva a la continua transformación." (Chic García)

 

La cultura surge, pues, en respuesta sacrificial al conocimiento de la muerte, y como opuesta al nacimiento, construye los dos tabúes de la humanidad: el sexo procreador (organizado a través del matrimonio, de cualquier tipo) y la muerte (mediante leyes penales). De ahí que toda sociedad castigue duramente el comportamiento fuera de los cauces establecidos para ello, salvo cuando se generen válvulas de escape  periódicas para no hacer insoportables las ataduras de la cultura. Maffesoli habla, por ejemplo, de las expresiones del Carnaval en la cual se ponían de manifiesto todos los aspectos de la vida (a través de las orgías) y la muerte. De esta forma se permite una continuidad controlada con el Ser divino, que no está atado a la cultura por estar ya pleno, sino que se comporta bajo un estímulo natural y salvaje. Un ejemplo lo constituyen también las romerías, cuyo origen se remonta a las procesiones en honor de diosas protectoras como Atenea cuando no directamente de la fertilidad como Démeter, Isis o Astarté. El trasunto actual de nuestras romerías conlleva una parte religiosa que permite servir de puente entre la vida natural y a cultural, el Estado y el Salvajismo. El acto religioso asociado a la fiesta consigue una represión cultural a la vez que  permite una satisfacción de necesidades básicas. Lo sagrado se convierte así en el sentimiento de la realidad. 

 

Junto a este acto religioso-sexual para romper el tabú del sexo, tenemos el acto religioso-tanático del sacrificio. En él se constituye la entrega mortal de algo vivo preciado por el hombre. Incluso en el cristianismo el cuerpo de Cristo es entregado produciéndose para el creyente la transustanciación del pan y el vino en el cuerpo y la sangre nada menos que del Hijo de Dios. Si la orgía exalta la entrada en la vida (continuidad), el sacrificio exalta la salida de la misma (discontinuidad). Al existir como un ser para la muerte, el hombre recurre antes al sacrificio que a la orgía, tendiendo "a reprimir la segunda como tiende a reprimir en general todas las manifestaciones de esa vida femenina a la que teme por su potencia irresistible al situarse en un nivel que va más allá de la fuerza física. Porque aunque el varón no supiera que los millones de conexiones neuronales entre los dos hemisferios del cerebro que se dan en las hembras en demasía sobre los machos las hacen más potentes en su comprensión holística (universal, globalizadora) del mundo, siempre lo ha (lo hemos) presentido." (Chic García)

 

            La búsqueda de la continuidad partiría, pues de una cultura alrededor de la muerte y una regulación del deseo. En este sentido, la mayor parte de los filósofos, especialmente los occidentales, han asimilado el deseo a una relación más allá de la sexual. Piénsese por ejemplo en Montaigne, que se refería a su fallecido amigo Étienne de la Boétie, en los siguientes términos: «lo amaba porque era él, lo amaba porque era yo». No se refiere a una continuidad de carácter sexual, sino de una amistad basada en compartir también una vida, en este caso intelectual.

 

            La era postindustrial hizo que algunos de los mecanismos represores de la cultura y sus válvulas de escape, como el sacrificio y la orgía según se ha visto, variaran considerablemente. Si uno observa con detenimiento el arte desde Turner, puede encontrar un camino de colapso en la relación civilización-salvajismo en tanto que ruptura y reconciliación del ser humano con ambos. Como expone Erika Borney en Las hijas de Lilith, en el siglo XIX  la consolidación de un código moral basado en el protestantismo  y la revitalización del cristianismo, trajeron consigo una mayor severidad en los códigos sexuales, señalando la figura de la mujer como elemento indiscutible del pecado, y además como elemento de la represión sexual. Levy Strauss vio al incesto, institución universal, como origen de la represión sexual. Las obras de Moreau, Khnopff o Redon se llenan de mujeres inquietantes donde  se transmite el miedo de la naturaleza, el salvajismo y lo biológico, asociados a lo femenino. Esto habría de alargarse hasta comienzos del siglo XX, cuando el mito de Orfeo, donde lo sexual y la muerte se encuentran estrechamente unidos, se plasme en la película que lleva su nombre dirigida por Jean Cocteau.

 

Sin duda es Baudelaire el que mejor ejemplifica cómo se adaptan los puntos de partida del hombre y la mujer en las relaciones sociales a partir de la era postindustrial. En sus poemas y en sus Cartas, encontramos un concepto de continuidad basada en la Belleza artística que no dista de un ideal platónico. La Belleza permitiría acceder a una idea superior sobre lo natural, permitiendo reconocer la naturaleza como una imagen de la cultura. La Belleza haría referencia de este modo a lo "infinito", que no puede ser amado porque no es conocido, pero sí puede ser buscado. La búsqueda de lo biológico a través de la cultura permitiría según Baudelaire asimilar la plenitud no desde una cultura que reprime sino desde una biología que es encauzada.

 

            El avance científico del siglo XX permitió construir en torno a esta idea un nuevo marco de relaciones. La fuerza física fue desapareciendo como elemento de distinción incluso en la guerra. Al requerir un mayor impulso desde la inteligencia y no desde el músculo, las mujeres lograron incorporarse a las estructuras culturales manifiestamente masculinas con una presencia cada vez mayor. Su incorporación como productoras-consumidoras produjo cambios en las normas represoras, legalizándose, por ejemplo, la venta de preservativos tras la Segunda Guerra Mundial. Si antaño había que recurrir a la represión sexual como método de control de lo biológico, hoy los anticonceptivos permiten controlar el nacimiento dando una mayor rienda suelta a lo sexual. Curiosamente, con ello están cambiando también los puntos de partida en las relaciones personales como subraya Comte-Sponville en Ni el sexo, ni la muerte. Y aunque la mujer en la era postindustrial puede provocar la muerte con la misma facilidad que el hombre, sigue sin tener ese impulso de la violencia física que el hombre alberga en el cerebro. Un hombre que, de momento, tampoco puede parir.

 

Todo se andará.

 

“Por mí que no haya sido”, Maikel de la Riva