Huevos de oro y Pelotas de plomo

Publicado: 20 febrero, 2011 en Sin categoría

Aunque últimamente no deje de hablar de un montón de cosas que pasan por todas partes, no dejo de perder la vista sobre lo que más me gusta, que es el mundo de la Antigüedad y los romanos. Lo que pasa es que soy historiador, y como tal no puedo evitar aplicar mi perspectiva histórica a todo. Eso es una cosa que, a veces, echo en falta de los historiadores que se dedican a la Contemporaneidad, no todos, es cierto, pero sí en gran parte. Muchos viven en amplias jaulas de libertad con barrotes de porcelana fina analizando hechos más o menos recientes con un cierto tufo de periodismo intelectualoide, como hacen diversos columnistas de periódicos, y sobre todo muchos escritores que se ponen a hablar de muchas cosas sin mojarse, en realidad, con nada. No basta con sacar el dedo, hay que señalar. A mí, como ya me han jodido y escribo en mi blog que no está a sueldo de nadie, pues me la pica un gallo. Puedo meterme con Botín si quiero, con Gadafi o con Manuel Gracia ya puestos.

 

La ventaja de ser historiador de un mundo tan lejano es que puedes observar al ser humano con más de dos milenios de perspectiva, y eso acaba siendo como el padre que sonríe por cortesía ante el hijo pequeño que ha descubierto, asombrado, que existe la luna llena. O que el amor es maravilloso, cuando se tiene. Por eso, para mí los dictadores son unos tipos que tienen que existir, no es concebible una historia sin ellos, sobre todo en sociedades poco avanzadas y paternalistas, como lo son la mayoría. López Rodó tenía en parte razón cuando le dijo a Franco que en el momento en el que todos los españoles tuviesen una renta per cápita superior a la de EEUU, no les interesaría ni la política ni la democracia. Probablemente, sus seguidores en el puesto, de ambos partidos, han comprendido de forma exquisita esta aseveración y durante mucho tiempo se dedicaron a un neoliberalismo maravilloso deconstruyendo, cual Ferrán Adriá de la política, el sistema educativo. No sé por tanto de qué se extraña la gente ahora cuando nos enteramos que más de un millón de parados no tienen ni la ESO terminada. Oigan, eso es muy grave. Porque, no nos engañemos, en un país de analfabetos, es más fácil engañar a la gente. Como, por ejemplo, reducirles el nivel de vida o cargarse todo lo que habíamos ganado en el modelo de pensiones. Luego los fascistas son los funcionarios que se manifiestan, olvidando que para ser funcionario, hasta del escalafón más bajo, hay que pasar por unas oposiciones, lo que implica tener títulos de secundaria por lo menos y un temario que saberse al dedillo.

 

Resulta perverso, a la par que siniestro, que hayan conseguido que la gente tenga tanto miedo a perder un supuesto nivel de vida que creen que van a recuperar. Cosa que es mentira. De esta forma, es más fácil evitar pensar en revoluciones, puesto que no tenemos, supuestamente, ningún dictador ni por supuesto censura. No hay censura a menos que consideremos como tal llamar a un director de un instituto para decirle que un profesor tiene que cerrar la boca por no hablar bien del partido en el poder. O a menos que consideremos como censura que en ningún instituto de Andalucía (alguno habrá, siempre se escapan cosas al Gran Hermano) se pueda consultar, por ejemplo, el ABC. El diario Gara o el porno sí, que son cosas muy educativas. No estaría mal una revolución que: a)obligue a todos los partidos a refundarse sin intereses económicos; b)renacionalice sectores estratégicos; c)someta a referéndum monarquía o república; d)recomponga el mapa de competencias territoriales; e)ponga a la educación por encima de todo. Tan sencillo como eso, y como Islandia ha demostrado, no hace falta irse a liarla parda a ninguna plaza, aunque a un servidor no le parecería del todo mal, la verdad.

 

Sobre todo, sería interesante una revolución que dijera muy claro que el camino que estamos tomando no es precisamente democrático. Ser historiador hace que recuerdes que cuando el poder gubernativo, el empresarial y los líderes de dos sindicatos mayoritarios a sueldo del Estado  se ponen de acuerdo para evitar conflictos sociales emanados del ejercicio de la libertad reivindicativa, a eso se le llama Estado Corporativista. Pueden hacerlo porque, a diferencia del mundo árabe, aquí somos muchos menos los que todavía entramos en el grupo de "jóvenes". Allí, el sistema paternalista funcionó hasta cierto punto, permitiendo que un gran número de jóvenes surgidos en cierto baby-boom fueran a la universidad y, ahora, se encontraran con nuevas necesidades que el régimen no es capaz de solventar. Gobiernos anclados en un modelo económico de asistencia y servicios para países del Primer Mundo que se ven superados por la inercia social, casi como pasó en España en los 70, sólo que al final dio igual "porque las hostias siguen cayendo para quien habla de más", que dice una canción. Da igual, también, porque la jefa Merkel y su amigo Sarkozy han conseguido reducir a España a una caricatura desestructurada que dará, a la larga, nueva mano de obra poco cualificada con un poder adquisitivo bajo, unos precios moderados y un paraíso para los que sí son un país "primermundista". Eso sí, que se anden con cuidado porque Europa es ya una anciana en decadencia que sólo ha tenido una cierta mejoría durante algunas décadas de  la Guerra Fría porque a EEUU le convenía ese extraño híbrido llamado "Estado del Bienestar". Caída la URSS, ya no hace falta y podemos entregarnos al saqueo de las clases medias.

 

De eso aquí sabemos mucho. No nos dejan de pedir libertad de mercado por todas partes, venga, la fiesta del libremercado y a cumplir leyes de propiedad. Pero luego son ellos los primeros en vulnerarlas. Dicen ellos que la libertad de competencia ajusta los precios. Claro, claro, como por ejemplo los de la gasolina que, cada dos por tres, se demuestra con denuncias a las principales petroleras por acordar las subidas de precios que se suceden misteriosamente en fechas concretas. Tampoco existen tripodios como el de la telefonía móvil, ¿verdad?, todo un ejemplo de libertad de mercado. Ésa es la raíz de muchos de nuestros problemas: que caminamos hacia un Estado Corporativista de facto donde se elimina toda posibilidad de ser emprendedor, porque nos faltan empresarios y nos sobran especuladores avariciosos. Y cuando digo empresarios, me refiero a ese enorme porcentaje de gente dedicadas a las PYMES que son el verdadero tejido económico de un país, y a los que se les ignora sistemáticamente de todo "pacto social", a los que se margina y se dilapida a base de leyes injustificables que benefician a grandes corporaciones que se establecen como mono, bi, o tri -podios de un sistema clientelar de amiguismos entre la clase política y la económica.

 

Porque vivimos en una sociedad que suspira por tener gallinas que echen huevos de oro, pero lo que tenemos son una panda de gentuza con unas pelotas de plomo.

“Gimme Shelter”, The Rolling Stones

Comentarios
  1. [...] Huevos de Oro y Pelotas de Plomo elhombrebizantino.wordpress.com/2011/02/20/huevos-de-oro-…  por Tyndaro hace 2 segundos [...]

  2. [...] El autor opina en torno a la situación actual donde se están generando las bases para un cambio en el modelo de democracia, exponiendo la forma en la cual se ha generado una sociedad de consumo ficticia que ahora se pretende socavar en una especie de segunda fase del neoliberalismo. etiquetas: crisis, economía, política, egipto » noticia original [...]

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